Me siento realmente estupida pensando así, oh, de nuevo, he vuelto a caer. Me gusta esto, si, realmente me gusta, mi manera de pensar, aveces, me gusta, pero no puedo evitar sentir ese remordimiento, esa angustia. No. Es inevitable no sentirla así de potente, pero mi deber es acostrumbrarme. Es algo muy fuerte que me golpea, algo que me clava en la espalda y en mi estómago, haciendo palpitar el lugar del golpe.
Se rompió la hoja, sin querer, se rompió. Que ridículo es esto de la metáfora, siendo que cada uno ede ocupar su propio idioma, que ridículo esto del destino. Mi cabeza se parte en dos, meses sintiendo esto, pero sin embargo, no hago nada por impedirlo haciendo que el dolor continue en mi subconciente hasta llevarlo a mis sueños, permitiendo que cada dolor mortifique mis sueños.
Para mi, esto es así. No debo cambiarlo, porque este es mi destino. Y nuevamente se escuchan los gritos incocientes del pasado quejandose de todo y todos. Estoy aqui, sin hacer nada por cambiar esto que SI deseo cambiar, al menos eso creo. Hace frío, mi dedos estan manchados de pintura acrílica negra y la cabeza me pica a causa del nerviosismo.
De nuevo, llegan gritando, sus voces de murmullo, llegan gritando a causa de la rabia y el odio. Lo mismo que se siente en este aire, perosus gritos son mas fuertes y mas desgarradores, haciendo que me asuste al igual que a ellos. Es momento de callarse y escuchar, es momento de sentir y ver, es momento de creer. Si. De creer en algo nuevo que se avecina, como una tormenta, de esas qe me gustan. Esas tormentas que sólo es tuya y de nadie más, esa tormenta la haces tuya.
Ahora, nuevamente, vuelve el remordimiento que no me deja en paz, tal ves es ese misterioso cambio de mi actitud, ¿rebledía? No lo creo. No me gusta la rebeldía, pero, por un lado, me siento reblede. Se siente este dolor palpitante en mis sienes, que no me dejan ver. Quiero recuperar eso que se llama esperanza.
miércoles, junio 11, 2008
lunes, junio 09, 2008
Y nuevamente, el vaso se derrama sobre mis zapatos. Lineas cruzadas que no devi aver cruzado, caminos ya marcados que, nuevamente, voy pisando. Y he aqui cuando todos me observan, donde hablan un idioma tan extraño como el japones, un idioma que sólo ellos entienden. Y luego, me desprendo de todo, sin escuchar, sin hablar, sin sentir, sin mirar, sin nada. Ojala todo eso fuera posible, pero sin embargo, llevo días en donde mis pies se quejan, y mis manos tiritan, y eso es la prueba exacta en que sigo respirando el mismo aire de todos. Mi vida se va tornando real, me parte el cerebro todos esos colores tan fuertes, esos sonídos grotescos que me taladran los oídos. Saber lo que es la vida, saber como enfrentar los temores. El vaso, intacto en el piso, lo tiro lejos de mi vista, no quiero sentir ese palpitante dolor en las sienes, y en mi reflejo veo un par de ojos que no transmiten nada, solamente son ojos, que drástico es el mundo a la vez, estoy cansada, pero como se dice, la muerte se hizo para descansar. Tengo nauseas, quiero leer y escapar a ese mundo que solo yo se, ese mundo en el que nadie puede entrar, un mundo que es solo mío y que a su vez se van tornando fuertes barreras de acero. Miro hacia el estante de libros y por un instante me detengo a pensar cuanto tiempo me detuve pensando en ellos, cuanto tiempo me detuve para ellos. Siento frío y calor al mismo tiempo, me produce gracia este sentir. Estoy cansada, y aún no he caminado mucho, pero no devo quejarme, sólo sonreír para el mundo, sólo sonreír.
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